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Cómo los lobos se convirtieron en perros

Animal Planet
Cómo los lobos se convirtieron en perros
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Cómo los lobos se convirtieron en perros
©COLORED PENCIL magazine/Creative Commons
Los perros no habrían sido domesticados por humanos: se domesticaron a sí mismos como un mecanismo de supervivencia para aprovechar los restos de comida de los hombres. Discovery te cuenta de qué manera llegaron a ser las fieles mascotas que hoy conocemos.

El fuerte vínculo que los humanos tienen con los perros no es una moda actual: es una relación milenaria entre el hombre prehistórico y el lobo salvaje, que se basa en el compañerismo y la ayuda mutua.

Si bien la comunidad científica concuerda en que el ancestro más inmediato de los perros que hoy adoptamos como mascotas es el lobo gris, aún hay muchas inquietudes respecto de cómo fue exactamente ese proceso evolutivo. Estudios recientes sugieren algunas respuestas que podrían terminar de explicar esta intrincada transformación.

Según un artículo publicado por la revista Science, la causa estaría en que los canes se domesticaron a sí mismos como un modo de adaptarse y asegurar la supervivencia de su especie. De este forma se contradice la hipótesis hasta ahora aceptada de que fue voluntad de los hombres adoptar a sus crías para educarlas según las normas de la vida doméstica.

Lo que en realidad habría sucedido es que los lobos se acercaron a los asentamientos humanos en busca de los desechos de comida que allí se originaban. Aquellos que lograron establecer un mayor contacto y lo hicieron de forma dócil y pacífica obtuvieron mejores resultados y pudieron, lentamente, conseguir comida para toda su manada de forma segura y fácil. Los especialistas llaman a este acercamiento inicial primera etapa de domesticación.

Imagen de un lobo gris corriendo en la nieve.

Según los científicos, el lobo gris es el antepasado más inmediato del perro doméstico que conocemos hoy.

Crédito: ©pike JO/Creative Commons

En la segunda etapa, los hombres tuvieron un rol mucho más activo. Además de encontrar en ellos una grata compañía, nuestros ancestros se dieron cuenta de que los canes también podían serles útiles para diversos fines. 

Esto pudo comprenderse luego de un estudio comparativo de restos fósiles de distintos perros y lobos realizado por científicos de la Universidad de Columbus. Allí descubrieron que ambos tenían las vértebras dorsales notablemente aplanadas y llegaron a la conclusión de que esto les sucedió cuando fueron utilizados para cargar un gran peso sobre sus espaldas. También notaron la falta de algunos molares, lo que les sugirió que probablemente los obligaran a llevar una especie de brida para transportar carros, tecnología que pudo resultar crucial para la supervivencia humana.

Por otro lado, cuando el hombre advirtió que los canes poseían un sentido del olfato y del oído muy desarrollado, intentó utilizarlos para fines provechosos como la caza, el pastoreo o la guarda. Así, la domesticación se profundizó y, tras el paso del tiempo, aquellos que cumplían con determinadas labores y que respondían mejor en determinadas zonas geográficas, fueron agrupados y lentamente conformaron las distintas razas de perros que hoy conocemos.


La domesticación de los perros fue un proceso iniciado por ellos para acercarse a los humanos y conseguir alimentos.

De esta forma, los avances científicos parecen indicar que ambas especies encontraron en la otra beneficios significativos para su conservación y esta afectación mutua fue lo que produjo la doma del lobo, proceso fundamental para que hoy exista nuestra fiel mascota.

Pero ella difiere mucho del lobo gris que habita en los bosques, montañas y praderas; esto se debe a que la interacción con el hombre no solo afectó su comportamiento - ya que dejó de cazar animales para alimentarse o de responder agresivamente al contacto humano- sino también su físico.

La clave de esta transformación estaría en las modificaciones que sufrió su alimentación. En primer lugar, durante su proceso evolutivo su cráneo y sus dientes disminuyeron notablemente ya que no necesitó más cazar grandes presas para alimentarse dado que se le proveían de todo lo que necesitaba. Por otro lado, como su dieta pasó de ser absolutamente carnívora a una dependiente de los desechos humanos, su cerebro -órgano que requiere una alta dosis de calorías y proteínas para desarrollarse- se redujo al menos un diez por ciento.

Otra diferencia radica en las orejas: mientras que las de los lobos son rígidas y erguidas, las de los perros no se mantienen levantadas y caen sobre su cráneo. Se considera que ese cambio es producto de la atrofia de sus músculos mandibulares.

Imagen de un perro adulto raza Tamaskan en un prado.

Algunos perros como los Tamaskan conservan muchos rasgos de su antepasado, el lobo gris.

Crédito: ©Kirsten Dieks/Creative Commons

Imagen de tres perros domésticos esperando a su dueño para jugar con una pelota.

Las principales transformaciones que llevaron a que los perros se vean tal como los conocemos hoy se deben a que su antepasado dejó de alimentarse con una dieta carnívora.

Crédito: ©Emery Way/Creative Commons

Pero a pesar de las diferencias que existen entre ellos, también guardan similitudes sustanciales. Contra las ideas que los cuentos infantiles y las películas de terror nos han impuesto, un nuevo estudio de los investigadores Friederike Range Zsofia Viranyi publicado en la revista especializada Fronteras en Psicología, afirma que los lobos ya poseían antes de su domesticación tres habilidades sociales que resultaron convenientes para su relación con los humanos: tolerancia, atención y cooperativismo

Para realizar la investigación los especialistas realizaron una serie de pruebas con 11 lobos grises norteamericanos y 14 perros jóvenes que se basaron en esconder alimentos para que luego los animales los encontraran. Los lobos pudieron identificar, al igual que los perros, dónde estaban después de observar las señales que se les dieron con movimientos de cabeza o miradas. 

Además, todos ellos respondieron satisfactoriamente a las pautas de convivencia que se les estipularon y enseñaron. También pudieron detectar los sitios falsos, es decir, los escondites donde no había alimentos ya que previamente prestaron especial atención el accionar de las personas que se encargaban de ocultar los premios.

Probablemente ya había algo en ellos que los volvía aptos para la convivencia armoniosa con los seres humanos, pero luego del paso del tiempo pudieron desarrollar ese potencial y se convirtieron en los seres excepcionales que hoy alegran a muchísimos hogares.

¿Qué te parecieron estos estudios? ¿puedes ver rastros del lobito que precedió a tu perro?

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